Compartir

VIDEO:

Un poderoso empresario de nombre Jacobo Xacur Eljure es acusado de diezmar colonias de abejas, animales salvajes y vegetación benigna en el oriente de Yucatán en el afán de impulsar su vasta producción agrícola de transgénicos.
Productores mayas de la población Dzonot Carretero, del municipio de Tizimín, señalaron que realiza fumigaciones masivas aéreas y deforesta la selva maya con maquinaria pesada, de manera indiscriminada.
Eso, denunciaron ayer en rueda de prensa, ha causado la muerte de sus cultivos, de las polinizadoras y de árboles benéficos para las especies que habitan en la Reserva de la Biósfera Río Lagartos, a la cual está provocando graves daños sin que alguien ponga freno.
Las autoridades tienen conocimiento de sus actividades, señalaron, incluso han visitado los terrenos del empresario, conformado por «miles de hectáreas», y permiten que el hogar de animales como el jaguar, jabalí, mono araña y venado sea destruido.
De esos pequeños productores en Dzonot Carretero, al menos 13 de ellos han perdido sus cosechas de calabaza, sandía y se ha matado a más de 600 colonias de abejas.
Alrededor de esa comunidad maya existe una inmensa vegetación que está marcada como reserva nacional por representar uno de los pulmones más importantes del país y ha favorecido la reproducción de gran variedad de animales silvestres.

Entre esas especies destaca el jaguar, coatí, mapache, zorra roja, mono araña, armadillo, conejos, venados de cola blanca, tigrillos, zorrillos y una gran cantidad de reptiles como víboras, tortugas e iguanas.
Pero en lo que parece ser un caso similar al acontecido en Tajamar, en Quintana Roo, donde se permitió la destrucción de dicha reserva ecológica por intereses económicos, en Yucatán se está cometiendo el mismo delito por “el poderoso y aparentemente intocable” –dijeron- empresario yucateco Jacobo Xacur Eljure, dueño de Grupo Xacur.

Integrantes del grupo “Indignación” que acompañaron a los productores mayas en la rueda de prensa expusieron que durante más de 15 años este empresario ha talado vegetación supuestamente defendida por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).
“Derriba árboles de zapote, ceibas, jabín, tzalam, pucté, chechén, granadillo, tinto, palmas, cedros y bojón, que están protegidos porque muchos de estos árboles dan frutas que sirven de alimento para los animales salvajes”.
Pobladores de la comunidad maya han visto familias de jaguares caminar por el ejido, buscando un lugar dónde vivir.
Se estima que en todo México quedan alrededor de 4 mil jaguares y en las selvas de la Península yucateca tienen su principal hogar.
Una cría de estos majestuosos felinos fue atropellado recientemente por un tractor que destruye la selva. Los pobladores quisieron ayudar al animal, pero la madre rondaba los alrededores y lo impidió.
Igual han visto a monos ingresar al pueblo para comerse las huayas, pues se han quedado sin su alimento silvestre.
La comunidad de Dzonot Carretero quedó rodeada por las propiedades de Xacur Eljure, quien fue comprando las tierras hasta apoderarse del ejido para realizar sus enormes cosechas comerciales, que en gran cantidad son transgénicas, aseguraron.
Una sola vez fue sancionado, durante el gobierno de Patricio Patrón Laviada, cuando se detectó la deforestación que realizaba.
El hombre fue remitido a las autoridades, pero pagó la multa y se apoderó de la zona que había mandado a talar, para luego continuar destruyendo como hasta la fecha.
Hoy goza de una total impunidad gracias al favoritismo que otorga el Gobierno del Estado a todo aquel empresario que haya realizado una importante inversión.
Los pobladores exigieron que la autoridad estatal no dé preferencia al interés económico por encima de sus derechos como comunidad maya.
Expusieron que “a los empresarios les basta gastar un poco de dinero para que el gobierno no frene sus operaciones”, sin importar si cuentan con permiso o están dañando al medio ambiente.
En fechas recientes, desde el 14 de julio Xacur Eljure contrató helicópteros y avionetas fumigadoras para rociar el herbicida “Pastar”, combinado con cloro, lo cual mató las abejas de apicultores y varias hectáreas de sembradíos de los campesinos.
El cloro además quema la selva y los pobladores dijeron que han sido testigos cómo en un día los árboles “quedan más bajos”, es decir, se marchitan.

“Sólo porque no tengo un rifle –manifestó Gilberto Ay Canché- porque tengo ganas de tirar sus aviones. Si el gobierno no hace nada, me voy a comprar mi rifle y le voy a disparar a sus aviones la próxima vez que los vea”.
En tanto José Argáez Balam dijo que sembró 7 hectáreas de pepita gruesa para calabaza, pero luego las avionetas rociaron la zona.
Al día siguiente de la fumigación, cuando el hombre fue a ver su cosecha la encontró quemada y marchita, perdiendo el ingreso de su familia para esa temporada.
Entonces decidió acudir al enorme rancho de Jacobo Xacur, donde fue recibido por una mujer y luego el empresario lo encaró y reprendió por quejarse.
La comunidad de Dzonot Carretero es productora de miel orgánica, pero con las recientes fumigaciones los insectos polinizadores han comenzado a morir.
Además, señalaron, su producto es importado a Europa por ser orgánico, pero ahora temen que su miel esté contaminada con químicos.
“Sabemos que un hombre con tanto dinero es capaz de pagar lo que se le pida, pero seguirá causando más perjuicios”.
Denunciaron las afectaciones por el uso de agroquímicos y la siembra de semillas genéticamente modificadas, conocidas como transgénicos, que están prohibidos en Yucatán.
“Cuando lo han visitado las autoridades les muestra el principio de sus cultivos, que sí son orgánicos, pero es la fachada con la que los engaña”.
Trabajadores de Xacur Eljure, que habitan en comisarías y municipios cercanos, revelaron que el dueño de esas tierras muestra sólo el inicio de su propiedad, donde cultiva productos orgánicos que sirven como “telón”, pero atrás donde tiene su principal inversión, hay miles de hectáreas transgénicas.

Los productores mayas rechazan las fumigaciones, pero más les indigna que ni siquiera sean consultados. “Estamos aquí, que nos pregunte si puede echar sus pesticidas y le diremos si acabamos de sembrar o no”.
También están enojados por la forma prepotente y burlona en que pasa por el ejido con camionetas y tractores, destruyendo los caminos, cuando a ellos no les permite ni poner un pie dentro del rancho.
Las autoridades estatales y federales no intervienen. En agosto se interpuso una denuncia más ante la Profepa, a la fecha sin respuesta.
Exigieron asimismo que la Secretaría de Salud se involucre en el tema, pues diferentes especialistas han advertido que esas prácticas con pesticidas y agroquímicos al final los afectarán con brotes de cáncer.

Edoardo Manzanilla (PRESIDIO)