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La versión que difundió el Gobierno del Estado para tranquilizar a la población, horas después del breve secuestro que ocurrió anteanoche en Mérida y que dimos a conocer, ha ocasionado a la joven víctima un daño moral y psicológico al “ponerla en boca de todos”.
El comunicado oficial fue elaborado luego de conocerse la declaración de la muchacha, quien admitió que salió por su propio pie de la plaza. Sin embargo, no “escapó con su enamorado”, como se asentó.
La joven originaria de Hunucmá está sufriendo daño psicológico por esa afirmación, además de las heridas que su captor le hizo con una navaja en un brazo, de las cuales aún se recupera.
Ella relató con detalle a los agentes investigadores cómo sucedieron los hechos, lo que puso en evidencia la existencia en Yucatán de una red de trata de personas que están usando las redes sociales para atraer a sus víctimas.
La muchacha cayó en el engaño y facilitó su secuestro. Las autoridades utilizaron esas declaraciones para mandar un mensaje tranquilizante a la sociedad, pero omitieron exponer que el hecho fue real, además de lanzar una alerta para prevenir futuros casos.
Ante el giro que se le dio al hecho, familiares de la yucateca de 19 años de edad decidieron hacerlos públicos porque el Gobierno estatal re-victimizó a la joven víctima, quien ha manifestado sus deseos de morir por todo lo que ahora se dice de ella.
“Ella es ingenua”, comentaron, como toda muchacha de pueblo. “A pesar de tener 19 años aún piensa como una niña, no tiene maldad y, desgraciadamente, cayó en un engaño”, expusieron.
En plática con PRESIDIO, los familiares señalaron que nunca llegaron a la Fiscalía General del Estado para identificar a los supuestos detenidos y poner la denuncia, como se les ofreció.
Los policías abordaron en una patrulla a la joven con un pariente para llevarlos supuestamente a la Fiscalía, pero se detuvieron sobre la avenida del fraccionamiento Juan Pablo II.
Ahí estaba una camioneta blanca tipo Pick up, de la cual descendieron agentes investigadores que comenzaron a interrogar a la jovencita en la patrulla.
Ella relató que hace un tiempo un muchacho en Facebook comenzó a mandarle mensajes por Messenger. Primero saludándola a diario y, con el paso de los días y la insistencia, logró ganarse su confianza, hasta que él propuso conocerse algún día.
El pasado lunes que la joven fue al cine con su mamá, sus dos hermanitos y un adulto más, el “enganchador” mandó un mensaje preguntando dónde estaba. Ella respondió que en el cine, con su familia.
-Qué bueno, estoy en Mérida, podemos conocernos –dijo el sujeto.
La muchacha reveló que estaba en los Cinemex de Plaza Canek y él dijo que la vería allá, de modo que ella fue al baño, donde se demoró alrededor de 20 minutos y luego salió.
–Estoy en Coppel –dijo el desconocido. Sal, para conocerte.
–¿Dónde estás? No te veo –escribió la muchacha luego de recorrer todo el frente de la tienda.
–Aquí enfrente –respondió el tipo, mientras alzaba la mano junto a una camioneta de color negra, tipo Voyager, según narró la muchacha.
La camioneta estaba estacionada una cuadra antes, en la esquina sobre el carril opuesto de la avenida “Mérida 2000”, con dirección al sur, es decir, hacia la avenida Canek. La muchacha cruzó.
–Hola chica, ¿cómo estás? –le dijo el supuesto pretendiente. Súbete para platicar.
La muchacha pensó que en verdad quería conocerla y accedió. Lo que no esperaba es que, tras unos minutos de plática, arrancara el motor.
–¿A dónde vamos? –preguntó la joven, pero no obtuvo respuesta mientras el sujeto daba vuelta en la esquina para adentrarse en la colonia El Porvenir.
–¿A dónde vamos? –volvió a preguntar, pero en respuesta el secuestrador sacó una navaja y comenzó a herirla en el brazo izquierdo.

En ese momento el desconocido recibió una llamada y se detuvo para bajar a contestar. “Ya la tengo”, escuchó la muchacha que decía, lo que la hizo entrar en pánico, de modo que sacó su teléfono y marcó a su madre.
–¡Mamá, ayúdame me están llevando! –gritó y señaló que estaba en una camioneta “por Coppel”.
La señora María Teresa Canul Suárez recibió la llamada cuando ya la estaba buscando en el cine, junto con ciudadanos que se solidarizaron con ella, de modo que todos corrieron hacia la tienda referida.
Cuando salieron vieron una camioneta Nissan Xtrail de color blanco que se movía hacia la salida y ahí se generó una confusión que derivó en la detención del vehículo ocupado por un matrimonio con su pequeño hijo.
El sujeto, cuando escuchó la llamada que la joven hizo, metió medio cuerpo en la camioneta, le arrebató el celular y le dio una bofetada. “¡Cállate!”, le exigió y la jaló hacia el asiento de atrás, donde intentó montarla y empezó a cortarle la blusa con el arma.

Como la chica vestía pantalón de mezclilla y tenis, logró patear a su captor, arrebatar su celular y correr mientras gritaba “¡me están robando, me están robando!”.
Cuando logró salir de nuevo a la avenida “Mérida 2000” marcó a una tía, que salió rápidamente con su esposo desde Hunucmá para ir en su búsqueda, mientras le pedía que no colgara.
“Tía, por favor, ayúdame, me están llevando. Venimos al cine, pero me están llevando”, lloraba angustiada.
Cuando la pariente llegó al lugar abrazó a su sobrina, que no lograba articular palabra. “Estaba temblando y llorando”, relató, pues era presa de una crisis nerviosa.
Señalaron los familiares que los agentes no ofrecieron atención médica, sino los subieron en una patrulla para supuestamente llevarla a identificar a su captor.
Pero en vez de eso, cuando aparentemente se dirigían hacia el Periférico, la patrulla dio vuelta hacia el fraccionamiento Nora Quintana y se dirigieron a Juan Pablo II, donde ya los esperaba una camioneta junto a un comercio tipo bodega, unas cuatro esquinas antes de llegar a la clínica del IMSS.
La muchacha declaró lo descrito anteriormente y los agentes pidieron que firmara esa declaración escrita a mano.
El pariente que la acompañaba pidió ir a la Fiscalía a poner la denuncia, pero los elementos se negaron.
Ya checamos las cámaras y nadie te sacó del baño. Tú saliste por tu propio pie, le dijeron.
La joven admitió que se confió, pero fue real que se la estaban llevando.
En respuesta, los agentes señalaron que no iban a alarmar a la población y le advirtieron que tenía que firmar ahí en la calle o, de lo contrario, se la llevarían detenida por 36 horas, ya que “por su culpa” se movilizó a tres mil unidades en todo el estado, se colocaron retenes y se cerraron los accesos.
“Luego por eso dicen en las noticias que no hacemos nuestro trabajo”, replicaron. La muchacha aceptó firmar y ellos ofrecieron respetar su versión.
“Creímos en la Policía y sacaron una versión distinta”, se quejaron los parientes
Tras la corriente que se generó en las redes con la “historia de amor” que difundió el Gobierno para negar el secuestro, ahora la joven es señalada en su propia población, donde estudia cultora de belleza y trabaja medio día como secretaria en un taller de llantas.
Pero ahora ya no quiere salir y dice que sólo quiere morir, comentaron sus parientes, que están afligidos por todo lo ocurrido y sienten que nadie los apoya.
Coincidieron en que el físico de la joven la ayudó a escapar, ya que es de complexión gruesa y mide alrededor de 1. 65 metros.
Ella describió a su secuestrador como un sujeto joven, de unos 24 años de edad, de color claro, delgado, un poco alto, con barba corta.
Portaba una gorra negra, pantalón de mezclilla y sus rasgos físicos y acento, según dijo, eran como de “huach” (del centro del país).
No se veía como un maleante, indicó, y la camioneta era del tipo Voyager, bastante conservada, con clima.
La familia proporcionó la foto de una persona, que según la víctima “se parece mucho” al sujeto que la retuvo y que lo reconocería “si tuviera gorra”. La imagen la encontraron en internet en una información donde se le señala como alguien buscado por violación.
Los familiares aún temen que regresen a buscar a la muchacha –cuyo nombre pidieron omitir-, pues los policías se negaron a localizar al sujeto en el vehículo mediante las videocámaras, ya que “si salió por su propia voluntad, no hay delito que perseguir”.
Los parientes de la joven saben que estuvieron a punto de perderla y ahora viven con intranquilidad, además de que se sienten agobiados, al igual que ella, por todo como la están juzgando en las redes.
“Sólo quiero morir”, reitera la muchacha, que aún vive el infierno en su mente y enfrenta un daño psicológico por todo lo acontecido.
“Ella es una muchacha dulce, amorosa –sostienen sus familiares-, que nunca ha tenido novio y siempre ha desconfiando, pero esta vez se confió”.
La gente tendría que conocerla antes de hablar y que no se deje llevar por las versiones oficiales que sacan, señalaron.
Ante los deseos de la joven por suicidarse, porque “no puede con todo esto”, dijeron, su familia quiere llevarla a tratamiento psicológico. “Gracias a Dios, todavía está aquí con nosotros”.

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Cabe mencionar que ante las razonables dudas expresadas por los lectores sobre la veracidad de las declaraciones hechas a PRESIDIO y la autenticidad de las heridas mostradas, la familia envió nuevas imágenes a este medio.