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Con una significativa disminución en el número de asistentes, este domingo se llevó a cabo la “Marcha del Silencio por la Dignidad de Yucatán” que fue convocada por grupos civiles para protestar contra la administración del gobernador Mauricio Vila Dosal.
Los asistentes en esta ocasión no rebasaron las mil personas y caminaron desde la calle 60 por 35 al Paseo de Montejo, hasta llegar al remate y de ahí tomaron con dirección a la calle 58 hasta llegar a la 61, donde enfilaron al Palacio de Gobierno.
La asistencia en menor número que hace una semana fue atribuida, según los convocantes, al temor de que se repitieran acciones “disuasivas” por parte del gobierno, empleando el uso de la fuerza como ocurrió el domingo anterior cuando fue lanzado gas pimienta entre personas de la tercera edad, mujeres y niños.
Algunos manifestantes portaron filtros de aire en los rostros y otros tapa-bocas, en señal de repudio al uso de gas tóxico que empleó el gobierno para disolver la protesta del domingo pasado.

Desde que comenzaron a reunirse en la calle 60 por 35 del centro, donde fue el enfrentamiento con la Policía Estatal, se hizo un llamado a evitar que se cuelen “infiltrados” a la marcha.
“Si vemos a algún infiltrado, lo vamos a invitar a salirse de la marcha. Si no hace, en ese caso invitaremos a la autoridad a que lo retire”, dijo por un altavoz el profesor Jesús González Cupul, del movimiento Docentes Unidos Luchando por Yucatán.
En esta ocasión también se evitó la adhesión a la marcha de personas identificadas con algún partido político o que hicieran alusiones partidistas.
Por ello, cuando aún se estaban concentrando en la calle, un grupo de personas confrontaron al panista Roberto Carlos Llanes Echeverría, quien el domingo pasado fue acusado de ser un “infiltrado” del gobierno del PAN para agredir a la Policía y contribuir a desencadenar la represión con gas.
El panista y quienes lo acompañaban dieron que eran “ciudadanos libres” y que en esa calidad asistieron a marchar, lo cual al final hicieron, pero vigilados de cerca por un grupo de profesores.
“El objetivo común no es enfrentarnos entre nosotros, a quien tenemos que enfrentar y vencer está en el Palacio de Gobierno, no permitamos que nos confundan”, pidió la profesora jubilada Ely Rosa Sosa Novelo, representante del Movimiento Hormiga.
“Lo único que estamos haciendo es recordar los agravios del gobernador y de esta clase gobernante; marchemos de manera pacífica, pero estén muy pendientes de quienes estén a su derecha y a su izquierda, estemos atentos de los que nos quieran mandar como infiltrados”, dijo por el altavoz.
Antes, en entrevista, la maestra señaló que el día del primer informe de gobierno, “los agitadores estaban vestidos de playera blanca –con gorras rojas- y estaban revueltos entre todos los ciudadanos libres, esos eran infiltrados y pagados”.
Con las evidencias que tenemos, las vamos a mostrar al Presidente de la República, para que él sepa, de primera mano, cómo es en realidad el gobernador de Yucatán, agregó.
Sosa Novelo relató que ella llegó temprano al punto de salida de la marcha y “ya había gente, en distintos puntos, para ver si ya habíamos llegado, quiénes y cuántos éramos”.
Lo que tiene que hacer el gobernador Vila para congraciarse con el pueblo, opinó, es pedirle una disculpa y echarse para atrás con el cobro del reemplacamiento.
“Ya sabemos que no hubo recorte presupuestal y por qué cargarle la mano al ciudadano, ¿para pagarle sus excesos y sus viajes?”, preguntó la representante del Movimiento Hormiga, que tiene 5 mil 800 adheridos a su causa, según dijo la propia docente retirada.
Expuso que los profesores jubilados han sufrido el agravio de que les quiten su sueldo, no les paguen completo su aguinaldo y que les retrasan sus pagos, entre otras cosas que están experimentando con el actual gobierno.
La marcha transcurrió sin incidentes, bajo la atenta mirada de elementos de la Policía Municipal de Mérida, que destinó paramédicos para atender a cualquier ciudadano que lo requiriera.
En el remate del Paseo de Montejo estaba el director Mario Arturo Romero, quien de manera personal supervisó el desarrollo de la marcha hasta que ésta llegó al Palacio de Gobierno.
Durante el recorrido no se dijo una sola palabra, pero al llegar a la Plaza Grade, frente a la sede del Ejecutivo estatal, el silencio se rompió al entonar el Himno Nacional y entonces empezaron a gritar consignas contra Vila Dosal y su administración.

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